jueves, 16 de mayo de 2013

¿kasachiki?


También podría titular este post como "Reflexiones desde el camino" pero, después de unos instantes de duda he preferido dejarlo como está ya que el sentido de este saludo tan especial es el centro de mi reflexión personal en estos últimos días.
Y es que, pienso muchas veces en ello, sobre todo, cuando viajo en metro o en autobús por la ciudad o, simplemente salgo a caminar por la calle y estoy un poco atenta a lo que sucede a mi alrededor. Ojalá sea yo la única pero, por lo que percibo creo que es una cuestión general..., sino social.
Y mi reflexión me lleva una vez más a caer en el "topicazo" que muchos "gurús" de la comunicación  han acuñado como leiv-motiv de sus distintas intervenciones ante un gran público preocupado por las muchas preguntas y sediento de muchas más respuestas  ante los "problemas de comunicación surgidos en la sociedad actual". Me refiero a la expresión: "en la era de la comunicación existe mayor incomunicación que en ningún otro tiempo".
¡Vaya paradoja!, pero es que .... a mi pobre entender los medios facilitan la comunicación pero no la crean... entonces, quizá el problema, tenga otra raíz... y quizá, la raíz puede ser el ser humano mismo. Necesitamos con urgencia recuperar la sencillez (y a la vez  la grandeza) de ser personas y relacionarnos como tal. 
Y las personas que se creen que lo son van por la vida con confianza, mirando al otro como prójimo, como igual, no lo ven como un rival o como el enemigo que acecha.
Las personas que se lo creen aceptan su vulnerabilidad y la protegen pero no en demasía, y mucho menos con  miedo a ser heridos o sentirse atacados.
Las personas que se lo creen superan los avatares de la vida con elegancia, levantándose tantas veces como sea necesario, siempre una más de las veces que han caído.
Las personas que se lo creen no hacen de sus vicisitudes un canto al victimismo sino que viven sus derrotas como una muestra más de su hacerse diario.
Las personas que se lo creen están convencidas de que su vida no es en vano, y de que su objetivo es construir en vez de destruir, ayudar en vez de entorpecer, hacer el bien en vez de perjudicar, colaborar en vez de automarginarse, ... en fin, las personas que se lo creen son muy conscientes de que su origen y su fin es el mismo que el de todos los demás de su especie, de que no son más ni menos  y por eso hacen del respeto, la sencillez y la humildad el estandarte de su bandera que lleva como fondo el blanco de la paz.

Vuelvo al camino. Hace tiempo ya, un día, alguien me saludó de la siguiente manera "¿KASACHIKI? ¿JAMAYA PIA?... La verdad es que me sorprendió tal saludo pero no caí en la desconfianza. Sabía que un insulto no era, ante todo por la persona que me lo traía, pero  el no entender lo que te están diciendo provoca en uno una especie de desazón e incomodidad que es muy difícil de disimular. Minutos después llegó la aclaración:
¿Kasachiki? ¿Jamaya pia? es la forma que los indios Pemones de la Península de Guajira, en Venezuela,  utilizan cuando se encuentran.  Pero es un saludo que conlleva  algo más que nuestro "hola" habitual cuando dos personas se encuentran en el camino. Era el ritual sencillo de un encuentro que suponía "tomar contacto" con la otra persona, mirarla a los ojos y preguntarle ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes?, pero no por cumplido, o por salir del paso sino desde dentro. No lo que, algunas veces, hacemos  como mero formalismo de la "buena educación" sino desde el fondo del corazón. Es un saludo que significa encuentro con lo que la otra persona lleva por dentro y ... desde dentro.
Y, una vez más volvemos al camino, dos palabras, ENCUENTRO y CAMINO. Dos palabras que significan por ellas mismas. Dos personas se encuentran cuando van de camino, por el mismo camino.
 Muy relacionado con esta idea, en otra ocasión leí  cómo se saludan dos personas en la cultura china  cuando se encuentran:  NI HAO MA, WAN AN. No es éste tampoco, un saludo que corresponda simplemente a “Buenos días”, “Buenas noches”, ¿Cómo estás?. Sino que se preguntan: ¿De dónde vienes?, ¿A dónde vas?... y si uno quiere dar una respuesta concreta la da y sino responde “Vengo del norte y voy al sur”. Este saludo añade un "plus"  a la idea de encontrarse en el camino. Ante todo el saludo como  signo de respeto hacia la otra persona y después el uso de la libertad en la profundidad de la respuesta que estemos dispuestos a dar.

Vuelvo al camino, pero quizá esta vez me despierto de mi propio "enmimismamiento" y me doy cuenta de que al camino lo ha desplazado la calle, de que la suavidad de la tierra mojada ha sido sustituida por la dureza del negro asfalto, el trinar de los pájaros por el pitido agudo y ensordecedor  de los semáforos y los bocinazos roncos de los automóviles, la brisa del viento norte al atardecer por las bocanadas de aire maloliente que desprenden las alcantarillas en la plena sequedad del mes de julio, el encuentro con el caminante solitario y solidario que acompasa sus propios pasos con el latir de su corazón por la multitud de transeúntes acelerados y cabizbajos que portan sus múltiples preocupaciones y sufrimientos en las elegantes carteras que sostienen en su puño cerrado...
¿Quién se atreve, en estas condiciones, a levantar siquiera la cabeza para expresar un ligero gesto de humanidad?... Y sin embargo, creo que es urgente y apremiante recuperar desde los detalles sencillos no sólo al ser humano sino al "ser persona".
Decidme, ... ¿Quién da conmigo el primer paso? o, ...  mejor aún ¿quién sabe de alguien que haya dado el primer paso para que yo me una a la causa?

Una vez más, vuelvo al camino, al mío,  con el propósito firme de que todo caminante que me encuentre se lleve al menos un "¡que tengas un buen día, caminante!".

Y sigo caminando.

miércoles, 1 de mayo de 2013

¿Qué hay en tu fondo de ALMARIO?


Cuando llega el cambio de estación suele haber también  lo que los estilistas y "personal shopper" llaman cambio de fondo de armario. Y no voy a entrar en distinción de géneros porque cada vez es más frecuente en ambos.
Un cambio de armario conlleva revisar la ropa, calzado y complementos del año anterior y ver lo que ya ha pasado de moda, lo que  no se lleva desde hace años y sigues conservando, lo que está viejo pero guardas con cariño y lo que  no quieres porque sencillamente ha dejado de gustarte. 
Si por casualidad os interesa el tema, os invito a que hagáis un recorrido rápido por la red y observaréis que existen cantidad de páginas, blogs y demás, ofreciendo los mejores consejos, paso por paso,  para llevar a cabo dicha encomienda con éxito. Esto es un ejemplo:
1. Aprovechar para deshacerse de prendas
2. Hacer un inventario con las prendas que guardemos.
3. Doblar bien la ropa para que no adopte formas ni dobleces extrañas
4. Embalar bien par que no se estropee.
5. Las prendas largas, mejor colgadas de perchas con botones y cremalleras abrochados. Protegerlos con fundas.
6. El calzado, mejor guardado individualmente.

Y yo me pregunto ... bueno... y todo esto ¿para qué?. En el armario guardamos una parte importante de lo que afecta a nuestro aspecto externo. Cómo nos vestimos, cómo nos movemos, forma parte de nuestra personalidad. Es, de alguna manera, cómo queremos mostrarnos al mundo, cómo queremos que los demás nos perciban, cómo queremos resaltar nuestro "ser único".
Sin embargo, es bien sabido por todos que  la personalidad no se agota en la imagen externa, diría más, a mi pobre entender, la imagen externa es la punta del iceberg de nuestro gran mundo interior. Y ¡eso es lo que realmente nos diferencia y nos hace únicos!!!: Lo que hay en nuestro fondo de "ALMARIO". 
Y lo que hay dentro de las personas no es siempre lo mismo, ni en cantidad ni en calidad. Todas las personas no valen lo mismo por dentro. En las almas ocurre como en los armarios, las hay vacías y llenas, que guardan objetos de valor o meras baratijas, limpias y sucias, ordenadas y desordenadas, ... las hay de todas clases y de los colores más variopintos: hay almas grisáceas, en blanco y negro, con colores pastel o tonos armónicos, contrastes estridentes... también hay almas sin color.
Y, como en los armarios, no estaría de más hacer también, de vez en cuando, cambio, o mejor, limpieza, en el  fondo de nuestro almario. Siempre es bueno hacer inventario de nuestras mejores intenciones, despertar los sentimientos dormidos, recuperar las emociones olvidadas, verificar las heridas curadas, remover los  silencios pesados, revivir los recuerdos entrañables, alimentar las esperanzas truncadas, desterrar los comportamientos agresivos, mejorar las relaciones superficiales, ...
De vez en cuando... quizá muy de vez en cuando, es bueno revisar nuestro fondo de aLmario. Eso sí, cada uno el suyo. Aquí no sirve que otros lo hagan por ti. 

Y tú... ¿Has pensado alguna vez que hay en tu fondo de ALMARIO?

domingo, 28 de abril de 2013

Con pies descalzos ...


Camino, caminar, movimiento, pies, zapatos, calzarse, descalzarse... ¿Felicidad?
Una vez más... esas ideas que llevan tiempo "ocupando"  mi mente confluyen en una constatación de vida... La felicidad crece a lo largo del camino, en el recorrido de cada día.
A estas alturas, después de "leerme" habréis notado que varias imágenes se repiten con frecuencia en mis posts.
Y sí, una de ellas es el camino... como imagen de nuestro avanzar en la  vida. Y nadie lo dice mejor que el poeta..."Caminante no hay camino, se hace camino al andar"... Pero para caminar son imprescindibles los pies y muchas veces, por comodidad y protección, también los zapatos.
En estas cosas pensaba cuando, esta mañana decidí revisar mi portfolio artístico para actualizarlo. Cuando de repente, en la presentación aparece una imagen de mis zapatos pensé... "Ufff!!!, las personas que vean esto ¿qué pensarán?". Digo esto porque, en un principio no parece una muy buena carta de presentación. Si nos ponemos a buscar significados de los zapatos, de los pies... podemos encontrarnos cosas muy alejadas de lo que realmente quiero transmitir con ellos.
Y es que siempre me ha interesado el tema de los zapatos,  de la acción de calzarse y descalzarse, pero no desde el fetichismo o la simbología sexual, sino como signo de reverencia y admiración de la otra persona, como acción de "ponerse en el lugar del otro", "to put oneself in someone shoes". ¡Eso sí que es difícil!!!
Y así lo aclaraba en mi portfolio :
"¿Por qué zapatos? Más allá de la simbología sexual o fetichista que podamos adjudicar a los zapatos o al calzado en general me interesan los zapatos en el sentido de las frases más arriba mencionadas, los zapatos como tema  de mi obra, los zapatos gastados por el camino y por el tiempo, los zapatos como molde que se adapta perfectamente al pie que me sostiene y me permite moverme y cambiar de dirección, que me permite llegar donde quiero llegar y regresar al más cálido y entrañable hogar... son mis zapatos no como instrumento de uso o símbolo sexual, sino como parte de mi yo y de mi preocupación por mi (el) ser social".
Investigando un poco más sobre el tema me interesé en  la relación que existe entre la felicidad y los pies descalzos... otra metáfora sin duda, para mí de las más bonitas o, cuando menos, llamativas. Me explico:
Bienaventurado (cfr. Mt 5) viene de la raíz ASHREI  que significa feliz, dichoso, que a su vez viene de la raíz ASHER que significa planta del pie. ¿Descubrió Moisés la felicidad al acercarse a la zarza y escuchar la teofanía: "No te acerques; quítate las sandalias  de tus pies porque el lugar que pisas es sagrado"? (Ex 3,5); ¿Alcanzó Ruth la felicidad cuando en la era descubre los pies de Booz y se acuesta a su lado? (Ruth 3,4)
¿Quiso María conquistar la felicidad cuando derramando el perfume de nardo sobre los pies de Jesús los enjugó con sus propios cabellos? (Juan 12,3) o ¿nos demostró Jesús que sólo podemos alcanzar la verdadera felicidad arrodillándonos, lavando los pies al hermano y enjugándolos con la toalla que portamos ceñida a la cintura siguiendo su mismo ejemplo? (Juan 13,5)...
Gestos sencillos, concretos, cargados de emotividad y sentimiento. Gestos que expresan reverencia, amor, humildad, admiración, respeto, sencillez, cercanía, compasión, pero que, manipulados por las muchas veces equivocadas interpretaciones de nuestra herencia cultural, se quedan en meros gestos de significado erótico y sexual con acento casi perverso ... ¿o no?
En nuestra sociedad hablamos mucho del corazón, utilizamos hasta la saciedad la semiología y semiótica visuales relacionadas con todo el campo semántico del amor, desvirtuando muchas veces el mensaje, prometiéndonos la felicidad más completa solamente adquiriendo tal o cual producto, haciendo tal o cual cosa, viajando a tal o cual lugar... 
Cuanto más pienso en ello, más me gusta la relación ASHREI, "dichoso", "bienaventurado", "feliz" y ASHER "planta del pie"... porque la felicidad, la dicha, la bienaventuranza no es la pasividad, la quietud, la inactividad, el aislamiento del que espera a que le venga todo dado alentado por falsas promesas en un lado del camino, sino más bien la actividad, el avance, el progreso, la relación, el encuentro del que va en busca de los demás y les sale al camino. 
Porque la felicidad es avanzar siempre adelante, mirando atrás únicamente para agradecer el pasado. 
Porque la felicidad es relacionarnos con todas las demás personas que nos encontramos y con quienes hemos de aprender a caminar ese trecho de camino, con quienes compartimos nuestros dolores y sufrimientos del momento, sabiendo que el camino es nuestro y aceptando que cada uno tiene el suyo, distinto, singular, único...
Porque la felicidad es caminar al lado del otro, respetándolo y, cuando la ocasión lo permita,  ponernos en su lugar y compartir su dolor y sufrimiento con el fin de aliviar su carga. 
Porque la felicidad es caminar con los pies descalzos, (al menos, los "pies del alma") como gesto de admiración, respeto, sencillez, humildad, reverencia y amor a los demás, a uno mismo y a Dios.

martes, 23 de abril de 2013

Tres cantares ...



...enviados a Unamuno en 1913.

No quiero dejar que pase el día sin detenerme en el camino y dedicar un momento al recuerdo. Hoy, en el día del libro, en este minuto de sosiego y paz robado a la vorágine del día nadie mejor que Antonio Machado para llegar a lo profundo del alma.
En esta poesía se unen mis dos "ídolos literarios", el poeta y el filósofo y escritor: Antonio Machado y Miguel de Unamuno. Para mí, los dos grandes de la literatura española.

1
Señor, me cansa la vida,
tengo la garganta ronca
de gritar sobre los mares,
la voz de la mar me asorda.
Señor, me cansa la vida
y el universo me ahoga.
Señor, me dejaste solo,
solo, con el mar a solas.

2
O tú y yo jugando estamos
al escondite, Señor,
o la voz con que te llamo
es tu voz.

3
Por todas partes te busco
sin encontrarte jamás,
y en todas partes te encuentro
sólo por irte a buscar.

Antonio Machado. POESÍAS COMPLETAS


lunes, 15 de abril de 2013

Y cuando tejes tu propia vida...

... algunas veces, el ovillo se enreda.

"En la vida de algunas personas  se producen enredos semejantes a los que se dan en las madejas de lana cuando se está confeccionando un jersey. Y ese enredo, producido por pequeñas incomprensiones, indelicadezas, cansancios, olvidos, cambios de estado de ánimo, aburrimiento, ... a veces rompe un largo discurso en donde habla más el corazón que la cabeza y en el que el estrépito y la fuerza de las palabras  terminan siempre por discurrir por el cauce previsto (...) 
Estas tempestades del alma de las que todos somos alguna vez sujetos activos o pasivos, no tienen mayor trascendencia de la que pueda tener una fuerte lluvia de verano. Lo importante es que nos coja a cubierto, sabiendo que lo verdaderamente importante es la próxima salida del sol, que para el alma será la alegría de reencontrarse sin ese peso dolorido que le impedía  casi hasta la respiración física".
Del libro: La intimidad, p.158

Y cuando el enredo en la madeja es de  tamaño tal  que nos imposibilita  continuar tejiendo es hora de hacer un alto en el camino, rendir  un tributo a la paciencia, sentarse a un lado, coger el hilo con las manos y poco a poco, momento a momento, día a día, liberar el hilo para poder seguir tejiendo ...sólo es cuestión de tiempo.

miércoles, 10 de abril de 2013

Tejer la vida misma


Hace ya algún tiempo leí un libro que trataba sobre el arte de tejer... Y ¡lo que son las cosas!, por aquello de la asociación ideas y recuerdos me ha hecho volver a mi infancia ¡cosas de la vida! Y es que ... cuando se ha tenido una buena infancia... todo recuerdo es agradable o, al menos, los malos recuerdos, si hay alguno, quedan solapados  por los buenos... en mi caso es así, ¡será por la memoria selectiva que dicen que tengo!... Pero es verdad, mi infancia, pocos malos recuerdos la habitan y, por el contrario, los buenos afloran constantemente  en mi recuerdo y me hacen "sonreír por dentro".
A lo que iba, hace tiempo leí un libro, no era técnico, ni mucho menos, digamos, una historia novelada, entretenida; pero es en este tipo de libros  donde algunas veces, se me queda "enganchada la neurona" dando vueltas y más vueltas a una idea... hasta que sale algo nuevo. Este proceso puede durar más o menos tiempo, ¡pero siempre sale algo!
En dicho libro cada capítulo iba introducido por los pasos a seguir para  empezar a hacer punto... punto ¡sí!, con dos agujas(gruesas o finas, de metal, madera o plástico), una lana (más o menos bonita, de color o no, fina o gruesa...) y ¡muuuuuucha paciencia!.
Yo aprendí a hacer punto cuando era muy pequeña, me gusta hacer punto, me entretiene, me relaja. Y aprendí "por contagio", mi madre también hace punto y cada vez que pienso en mi madre una de las imágenes que me enternecen es recordarla apoyada en el canto de la cocina, con su delantal atado protegiendo en el bolsillo  el ovillo de lana de la posible suciedad del suelo, una aguja a cada lado y dale que dale, vuelta tras vuelta haciendo crecer su labor hasta transformarla en un bonito jersey para mi padre o una moderna chaqueta para cualquiera de mis hermanas o para mí misma... y ¿por qué no? una bufanda multicolor para protegernos del duro frío del invierno a cualquiera de la familia... Curiosamente, ahora que lo pienso, siempre trabajaba para los demás... pocas veces la he visto tejiendo para ella misma.
Últimamente, desde mi "mundo interior" me he puesto a pensar en la relación tan estrecha que se puede establecer entre tejer un jersey y "tejer una vida"... Y ¡sí! la vida se va tejiendo cada día, minuto a minuto, momento a momento y sólo depende de cada uno  el conseguir finalizar el trabajo, un trabajo bien hecho. No importa la dificultad del punto, con un "punto liso" puede quedar una obra perfecta... lo importante es caer en la cuenta de que nadie puede tejer la propia vida más que uno mismo, como todo el mundo sabe que un jersey no puede ser tejido por dos personas distintas, por mucho que se parezca la forma de tejer, siempre se notará que son distintas manos. Para ser original, cada tejedora teje su obra, cada ser humano su propia vida.
Pues bien, la autora de dicho libro establecía los siguientes pasos para aprender a tejer. Aquí los dejo por si aportan alguna luz par tejer un jersey ... ¡o la vida misma!:
Toda tejedora tiene que empezar en algún momento. He aquí lo que se necesita para iniciar:
  • Un par de agujas: pueden ser metálicas o de madera. 
  • Hilo: ¡El color y la textura dependen de ti!
  • Una aguja de lana y un ganchillo: se utilizarán para el fleco y al terminar el trabajo
1.Reunir el material: 
La elección de la lana tiene unas posibilidades de vértigo: las oleadas de colores y texturas tientan con visiones de un jersey o de un gorro, pero no revelan el duro trabajo requerido. Lo más importante es la paciencia  y la atención a los detalles. También a la buena disposición. El hecho de que suponga un desafío mantiene el interés, pero no elijas una muestra que esté totalmente fuera de tus posibilidades. Escoge siempre el mejor hilo que puedas permitirte y utiliza el tipo de aguja con el que tus manos se sientan más cómodas. Parece increíble que reuniendo una serie de cosas heterogéneas (el hilo suave, las agujas puntiagudas, las instrucciones, el ganchillo para pulir la labor, los elementos intangibles de la creatividad, la humanidad y la imaginación) se pueda crear algo que contenga un pedazo de tu alma. Pero sí puedes...
2. Montar los puntos: 
La única manera de empezar es tomar el hilo entre tus dedos y anudarlo. Se empieza y ya está. En la vida ocurre lo mismo. Aunque no todos los principios son iguales, por supuesto. Hay docenas de maneras de montar los puntos, que varían en función de la habilidad, en el diseño o, incluso, simplemente, en la probada efectividad. ¿Adónde quiero ir a parar con esto? A veces, lo que funciona para una labor no es lo mejor para la siguiente. Tienes que experimentar para ver qué funciona. Sin embargo, sea cual sea el método, existe una similitud: o lo intentas o no. De manera que haz  un nudo corredizo; haz una serie de lanzadas en la aguja y luego utiliza su compañera para atravesarlas y hacer un punto. Montar puntos es tanto una técnica como un acto de fe.
3. Hacer la muestra:
Del mismo modo en que tienes que dar pasitos de bebé antes de aprender a caminar, no puedes empezar tu prenda hasta que no hayas hecho un trozo de prueba. Así pues, haz unos cuantos puntos y compara tu trabajo con el modelo. Comprueba si la medida de tus puntos se corresponde  con lo que tendrían que medir según el patrón escrito. Luego haces las modificaciones necesarias ¿demasiado tirante? Inténtalo con agujas más gruesas. Puede ser que tengas que hacer otro cambio u otra prueba antes de terminar... tus puntos podrían cambiar a medida que vas adquiriendo experiencia. El misterio radica en que dos personas que utilicen agujas del mismo tipo y medida puedan hacer puntos de distinto tamaño y tensión. La magia consiste en que, aún con sus diferencias, ambas pueden crear algo igualmente maravilloso.
4. Del derecho y del revés:
Éstos son los puntos fundamentales de la calceta y la base de toda prenda. El punto del derecho consiste en una serie de lazadas planas y verticales que crean la cara del tejido, y el punto del revés, forma el dorso. Un lado es liso; el otro desigual. El derecho es lo que muestras al mundo; el revés, la suave y nudosa parte interior que mantienes en contacto con la piel.
5. Dominar un punto complicado: 
Resulta emocionante cuando empiezas a ver que la labor toma forma, cuando puedes hacer una pasada  tras otra sin ni siquiera mirarte las manos, cuando pasas del derecho y el revés a los ochos, al punto de cadeneta y a la labor de incrustación. (¡No hay nada como tu primer suéter con diseño de rombos!). Es la recompensa a la perseverancia. No dejes que se te suba a la cabeza ni te estanques en los mismos movimientos; aprende nuevos puntos y comprueba hasta dónde puedes llegar.
6. Soltarlo todo:
Lo único que tienes que hacer es perdonar.
7. Empezar de nuevo:
Toda tejedora tiene un jersey que dejó sin terminar, bolsas de retazos guardadas de las que nunca volvió a ocuparse y ¿por qué? ¿un cambio de moda? ¿un cambio de estación?... Si éste fuera el caso, ¿desharías los puntos y utilizarías el hilo para otra cosa? No, existe una esperanza secreta que te hace conservarlo, soñar que llegarás a hacerlo bien algún día, que lo retomarás y que, por fin, saldrá bien. Que esta vez todas las piezas encajarán. El error es esperar hasta que te sientas lo bastante renovada como para intentarlo de nuevo. Sencillamente, tienes que empuñar las agujas y seguir con ello de todos modos.
8. Cerrar los puntos:
No puedes dejar la prenda confeccionada en las agujas para siempre; al final, va a tener que existir por sí sola, sostenerse por sí misma. El truco está en pasar los puntos unos sobre otros de manera que se pueda sacar la aguja sin que se deshagan.
9. Coserlo todo:
Siempre resulta  más fácil tejer un jersey por partes: la delantera, la espalda, las mangas... La ventaja es que si una de las partes no te sale, puedes dejarla de lado y pasar a otra cosa hasta que estés dispuesta a terminar. No es lo mismo que rendirse: esto es ser lista. Trabaja en la prenda poco a poco hasta que estén terminadas todas y cada una de las partes y entonces podrás montarla. Cósela con una aguja de ojo grande y con una hebra de hilo fino del mismo color haciendo una puntada en cada punto alterno. Nunca supone un error planchar la prenda, colocarla en la tabla y dejar que el vapor elimine las arrugas para que así tenga un aspecto suave y acabado. A veces, lo único que quieres es contemplar las cosas un rato, mantenerlas frescas y perfectas tanto tiempo como puedas.
10. Ponerte lo que has hecho:
Esto puede ser lo más divertido: lucir un original  diseño que ponga de manifiesto tu calma interior. A veces resulta difícil ponerse algo que no parece ni mucho menos prefecto o que no salió como quisieras. Pero tú, póntelo de todos modos; celebra tu esfuerzo y tu talento. Y tu amor. Todas las tejedoras hacen punto con amor, incluso cuando están en los comienzos, coloradas de frustración. ¿por qué, sino, íbamos a crear nada? Sobre todo en un mundo que no necesita nada hecho en casa. No importa si las cosas no salen como tenías planeado. Todo momento es una obra en desarrollo; cada punto realizado te acerca un punto más. Podría ser peor, pero siempre es mejor. Cuando te pones algo que has hecho con tus propias manos, te rodeas de amor, y de todo el amor que hubo antes de ti. Verás, el verdadero logro es estar orgullosa de lo que has hecho. Yo sé que lo estoy. (Del libro: "El club de los viernes" de Kate Jacobs)