miércoles, 10 de abril de 2013

Tejer la vida misma


Hace ya algún tiempo leí un libro que trataba sobre el arte de tejer... Y ¡lo que son las cosas!, por aquello de la asociación ideas y recuerdos me ha hecho volver a mi infancia ¡cosas de la vida! Y es que ... cuando se ha tenido una buena infancia... todo recuerdo es agradable o, al menos, los malos recuerdos, si hay alguno, quedan solapados  por los buenos... en mi caso es así, ¡será por la memoria selectiva que dicen que tengo!... Pero es verdad, mi infancia, pocos malos recuerdos la habitan y, por el contrario, los buenos afloran constantemente  en mi recuerdo y me hacen "sonreír por dentro".
A lo que iba, hace tiempo leí un libro, no era técnico, ni mucho menos, digamos, una historia novelada, entretenida; pero es en este tipo de libros  donde algunas veces, se me queda "enganchada la neurona" dando vueltas y más vueltas a una idea... hasta que sale algo nuevo. Este proceso puede durar más o menos tiempo, ¡pero siempre sale algo!
En dicho libro cada capítulo iba introducido por los pasos a seguir para  empezar a hacer punto... punto ¡sí!, con dos agujas(gruesas o finas, de metal, madera o plástico), una lana (más o menos bonita, de color o no, fina o gruesa...) y ¡muuuuuucha paciencia!.
Yo aprendí a hacer punto cuando era muy pequeña, me gusta hacer punto, me entretiene, me relaja. Y aprendí "por contagio", mi madre también hace punto y cada vez que pienso en mi madre una de las imágenes que me enternecen es recordarla apoyada en el canto de la cocina, con su delantal atado protegiendo en el bolsillo  el ovillo de lana de la posible suciedad del suelo, una aguja a cada lado y dale que dale, vuelta tras vuelta haciendo crecer su labor hasta transformarla en un bonito jersey para mi padre o una moderna chaqueta para cualquiera de mis hermanas o para mí misma... y ¿por qué no? una bufanda multicolor para protegernos del duro frío del invierno a cualquiera de la familia... Curiosamente, ahora que lo pienso, siempre trabajaba para los demás... pocas veces la he visto tejiendo para ella misma.
Últimamente, desde mi "mundo interior" me he puesto a pensar en la relación tan estrecha que se puede establecer entre tejer un jersey y "tejer una vida"... Y ¡sí! la vida se va tejiendo cada día, minuto a minuto, momento a momento y sólo depende de cada uno  el conseguir finalizar el trabajo, un trabajo bien hecho. No importa la dificultad del punto, con un "punto liso" puede quedar una obra perfecta... lo importante es caer en la cuenta de que nadie puede tejer la propia vida más que uno mismo, como todo el mundo sabe que un jersey no puede ser tejido por dos personas distintas, por mucho que se parezca la forma de tejer, siempre se notará que son distintas manos. Para ser original, cada tejedora teje su obra, cada ser humano su propia vida.
Pues bien, la autora de dicho libro establecía los siguientes pasos para aprender a tejer. Aquí los dejo por si aportan alguna luz par tejer un jersey ... ¡o la vida misma!:
Toda tejedora tiene que empezar en algún momento. He aquí lo que se necesita para iniciar:
  • Un par de agujas: pueden ser metálicas o de madera. 
  • Hilo: ¡El color y la textura dependen de ti!
  • Una aguja de lana y un ganchillo: se utilizarán para el fleco y al terminar el trabajo
1.Reunir el material: 
La elección de la lana tiene unas posibilidades de vértigo: las oleadas de colores y texturas tientan con visiones de un jersey o de un gorro, pero no revelan el duro trabajo requerido. Lo más importante es la paciencia  y la atención a los detalles. También a la buena disposición. El hecho de que suponga un desafío mantiene el interés, pero no elijas una muestra que esté totalmente fuera de tus posibilidades. Escoge siempre el mejor hilo que puedas permitirte y utiliza el tipo de aguja con el que tus manos se sientan más cómodas. Parece increíble que reuniendo una serie de cosas heterogéneas (el hilo suave, las agujas puntiagudas, las instrucciones, el ganchillo para pulir la labor, los elementos intangibles de la creatividad, la humanidad y la imaginación) se pueda crear algo que contenga un pedazo de tu alma. Pero sí puedes...
2. Montar los puntos: 
La única manera de empezar es tomar el hilo entre tus dedos y anudarlo. Se empieza y ya está. En la vida ocurre lo mismo. Aunque no todos los principios son iguales, por supuesto. Hay docenas de maneras de montar los puntos, que varían en función de la habilidad, en el diseño o, incluso, simplemente, en la probada efectividad. ¿Adónde quiero ir a parar con esto? A veces, lo que funciona para una labor no es lo mejor para la siguiente. Tienes que experimentar para ver qué funciona. Sin embargo, sea cual sea el método, existe una similitud: o lo intentas o no. De manera que haz  un nudo corredizo; haz una serie de lanzadas en la aguja y luego utiliza su compañera para atravesarlas y hacer un punto. Montar puntos es tanto una técnica como un acto de fe.
3. Hacer la muestra:
Del mismo modo en que tienes que dar pasitos de bebé antes de aprender a caminar, no puedes empezar tu prenda hasta que no hayas hecho un trozo de prueba. Así pues, haz unos cuantos puntos y compara tu trabajo con el modelo. Comprueba si la medida de tus puntos se corresponde  con lo que tendrían que medir según el patrón escrito. Luego haces las modificaciones necesarias ¿demasiado tirante? Inténtalo con agujas más gruesas. Puede ser que tengas que hacer otro cambio u otra prueba antes de terminar... tus puntos podrían cambiar a medida que vas adquiriendo experiencia. El misterio radica en que dos personas que utilicen agujas del mismo tipo y medida puedan hacer puntos de distinto tamaño y tensión. La magia consiste en que, aún con sus diferencias, ambas pueden crear algo igualmente maravilloso.
4. Del derecho y del revés:
Éstos son los puntos fundamentales de la calceta y la base de toda prenda. El punto del derecho consiste en una serie de lazadas planas y verticales que crean la cara del tejido, y el punto del revés, forma el dorso. Un lado es liso; el otro desigual. El derecho es lo que muestras al mundo; el revés, la suave y nudosa parte interior que mantienes en contacto con la piel.
5. Dominar un punto complicado: 
Resulta emocionante cuando empiezas a ver que la labor toma forma, cuando puedes hacer una pasada  tras otra sin ni siquiera mirarte las manos, cuando pasas del derecho y el revés a los ochos, al punto de cadeneta y a la labor de incrustación. (¡No hay nada como tu primer suéter con diseño de rombos!). Es la recompensa a la perseverancia. No dejes que se te suba a la cabeza ni te estanques en los mismos movimientos; aprende nuevos puntos y comprueba hasta dónde puedes llegar.
6. Soltarlo todo:
Lo único que tienes que hacer es perdonar.
7. Empezar de nuevo:
Toda tejedora tiene un jersey que dejó sin terminar, bolsas de retazos guardadas de las que nunca volvió a ocuparse y ¿por qué? ¿un cambio de moda? ¿un cambio de estación?... Si éste fuera el caso, ¿desharías los puntos y utilizarías el hilo para otra cosa? No, existe una esperanza secreta que te hace conservarlo, soñar que llegarás a hacerlo bien algún día, que lo retomarás y que, por fin, saldrá bien. Que esta vez todas las piezas encajarán. El error es esperar hasta que te sientas lo bastante renovada como para intentarlo de nuevo. Sencillamente, tienes que empuñar las agujas y seguir con ello de todos modos.
8. Cerrar los puntos:
No puedes dejar la prenda confeccionada en las agujas para siempre; al final, va a tener que existir por sí sola, sostenerse por sí misma. El truco está en pasar los puntos unos sobre otros de manera que se pueda sacar la aguja sin que se deshagan.
9. Coserlo todo:
Siempre resulta  más fácil tejer un jersey por partes: la delantera, la espalda, las mangas... La ventaja es que si una de las partes no te sale, puedes dejarla de lado y pasar a otra cosa hasta que estés dispuesta a terminar. No es lo mismo que rendirse: esto es ser lista. Trabaja en la prenda poco a poco hasta que estén terminadas todas y cada una de las partes y entonces podrás montarla. Cósela con una aguja de ojo grande y con una hebra de hilo fino del mismo color haciendo una puntada en cada punto alterno. Nunca supone un error planchar la prenda, colocarla en la tabla y dejar que el vapor elimine las arrugas para que así tenga un aspecto suave y acabado. A veces, lo único que quieres es contemplar las cosas un rato, mantenerlas frescas y perfectas tanto tiempo como puedas.
10. Ponerte lo que has hecho:
Esto puede ser lo más divertido: lucir un original  diseño que ponga de manifiesto tu calma interior. A veces resulta difícil ponerse algo que no parece ni mucho menos prefecto o que no salió como quisieras. Pero tú, póntelo de todos modos; celebra tu esfuerzo y tu talento. Y tu amor. Todas las tejedoras hacen punto con amor, incluso cuando están en los comienzos, coloradas de frustración. ¿por qué, sino, íbamos a crear nada? Sobre todo en un mundo que no necesita nada hecho en casa. No importa si las cosas no salen como tenías planeado. Todo momento es una obra en desarrollo; cada punto realizado te acerca un punto más. Podría ser peor, pero siempre es mejor. Cuando te pones algo que has hecho con tus propias manos, te rodeas de amor, y de todo el amor que hubo antes de ti. Verás, el verdadero logro es estar orgullosa de lo que has hecho. Yo sé que lo estoy. (Del libro: "El club de los viernes" de Kate Jacobs)

lunes, 8 de abril de 2013

El ¿dilema? del erizo


"Para defenderse del frío invernal, los erizos decidieron juntarse los unos a los otros para calentarse con su propio calor animal, pero, al acercarse, se pincharon y entonces se alejaron  nuevamente. Al alejarse tuvieron de nuevo frío y se volvieron a acercar para calentarse, pero se pincharon nuevamente y, una vez más, se alejaron, buscando alternativas para protegerse del frío y de las picaduras. Todo esto hasta que, después de varios intentos, los erizos encontraron la distancia adecuada que les permitía no pincharse sino calentarse, es decir, protegerse al mismo tiempo del frío y de la picadura"
A. SCHOPENHAUER
Parerga y Paralipómena, II,2.

He pensado muchas veces sobre este dilema... que quizá, no sea tal,  sino tan solo una cuestión de actitud ante los demás y ante la vida. 
Algunas veces, los escritos o frases pronunciadas  llegan justo en el momento de  la vida que nos hacen reflexionar más profundamente sobre lo que en ellos se nos dice... de alguna  manera, nos cala muy hondo, nos llega a lo profundo de corazón.
Este es mi caso con este fragmento. (También con su autor pero no es el tema del post). Como decía antes, he pensado muchas veces sobre ello. He vuelto una y otra vez sobre el tema... Y sinceramente... después de darle muchas vueltas, creo que no hay tal dilema.... sino más bien,  lo considero una  cuestión de actitud... actitud, si, ante el otro,... y ante la vida.
Los humanos somos seres sociales, es decir, necesitamos de los demás para desarrollarnos plenamente... y, ¡ay de aquel que elige estar solo!. Si al ser "humano" le sumamos el plus de ser  "persona", entonces, el otro se convierte en prójimo (próximo)... y ahí la lejanía se difumina e inevitablemente, se transforma en  cercanía, en proximidad,...
Los erizos como animales que son, deciden juntarse por pura supervivencia, para no morir durante el frío invernal. De la misma manera, cuando se hacen daño, aunque estando a gusto con el calorcito provocado por la cercanía de sus cuerpos,  también por supervivencia, deciden separarse... y así una y otra vez.
Quizá es que los erizos, al ser cuadrúpedos no han descubierto todavía que existe una parte de  su cuerpo en la que no crecen las púas, y ésta es la parte protegida, la que comunica directamente con los órganos vitales, con el corazón que late, con los ojos que miran, ... quizá no se han dado cuenta todavía... será porque son animales.
Puedo parecer un poco ilusa  pero sigo creyendo en la bondad de los "seres humanos", de los "seres personas" y me cuesta pensar en el "dilema del erizo" como una parábola de las relaciones humanas... Creo en la capacidad de las personas de caminar bípedamente, acompañando y dejándose acompañar en los distintos tramos del camino, unas veces en "soledad habitada" (porque el camino así lo requiere) otras, en compañía de sus prójimos queridos, con la seguridad de amar y sentirse amado desde la verdad, la sinceridad y la bondad de corazón que hay en cada uno de nosotros.
Quizá es que los erizos todavía no han descubierto que en su parte interior (como en la de cada uno),  en  la que no tiene  púas, está precisamente el corazón, ... donde habita el amor y ... donde habita el amor, el dolor de las heridas y los pinchazos provocados por las púas de superficie, queda superado en demasía.

martes, 2 de abril de 2013

Hacerle cosquillas a la vida

Siempre, cuando conduzco me gusta llevar la radio de fondo, como acunando mis "enmimismamientos". Es aquello de que oyes pero no escuchas, suena cual "hilo musical" de mis pensamientos varios, de mis "divagaciones interiores". En un momento en que "salgo de mi mundo" y presto un poco  de atención escucho lo siguiente... "hacerle cosquillas a la vida". Estaban publicitando uno de los programas que se emiten en la emisora durante la noche, de aquellos que acompañan a los insomnes, a los que no pueden dormir porque trabajan o a los que simplemente les gusta escuchar la radio, sin más, por el gusto de escuchar.
Bueno, a lo que iba.... "hacerle cosquillas a la vida"....  me gusta esa expresión... "hacer cosquillas a la vida".
Me parece una expresión tierna, cercana, familiar, infantil... vamos, del "mundo pequeño" como a mi me gusta llamar al mundo de la inocencia, de la sencillez, de la verdad, de la dulzura, de la niñez... ¿Quién hace cosquillas? ¿A quién se lo permitimos? ... Desde luego... así, de pronto, se me ocurre que alguien muy cercano y familiar... no a un extraño, por supuesto.
¿Y a la vida? ¿Cómo podemos hacer cosquillas a la vida? ¿A nuestra vida o a la de los demás? ¿Cuándo hacemos realmente cosquillas a la vida? ¿Cuándo la vida nos hace cosquillas? ¿Cuándo dejamos que la vida nos haga cosquillas?

Quiero  "hacerle cosquillas a la vida" en estos momentos de incertidumbre... a la mía y a la de los demás... porque haciendo cosquillas... ¡LA VIDA SONREIRÁ  DE NUEVO!... Para mí, ... para todos... para la vida misma.

Para "predicar con el ejemplo" dejo el primer intento de hacer cosquillas a la vida, o quizá al alma, como prefiráis. Si consigo  sacar una sonrisa del rostro cansado del final del día agotador con este vídeo, me doy por satisfecha. Dedicado especialmente a los que desean "hacer cosquillas a la vida". ¡Que lo disfrutéis!




miércoles, 27 de marzo de 2013

Hay besos con sabor... besos con sonido... besos con color



 Hay besos con sabor dulce... a limón, fresa, chocolate, plátano, yogurt, doble sabor... Otros besos, depende del momento del día, saben a ketchup, sopa, lentejas... son los besos del patio de recreo, los besos del "mundo pequeño", esos besos que se piden o se dan para animar un rostro cubierto de  lágrimas, para hacer salir una sonrisa de un semblante entristecido...

También hay besos con sonido: son los besos de amor. Aquellos que traducen en los labios lo que el corazón desea expresar con toda su fuerza e intensidad. Besos de agradecimiento por el permanecer de un amigo en los momentos difíciles. Besos que transmiten paz en los momentos de agonía y malestar personal,.Besos que contagian  la felicidad radiante del ser amado. Besos cantarines que derrochan alegría a su paso. Besos sinceros que sisean la alegría de un encuentro aplazado en el tiempo. Besos limpios  como el agua cristalina de un  manantial de alta montaña. Besos alegres como la risa inocente de los niños en el patio de recreo...

También hay besos con color... como los que describen Pablo y su madre en el famoso cuento...

“Mamá... ¿De qué color son los besos?. Pues, ... pues los besos pueden tener muchas formas y colores, en realidad cambian de color según lo que nos quieren decir.
Algunos besos son pequeños, ruidosos, divertidos y  muy, muy bromistas... son de un rojo brillante como las cerezas... y nos dicen, te quiero por tu alegría, frescor y vitalidad...
También hay momentos en los que los besos son jugosos y están llenos de vitaminas de color naranja. Son los que nos aprietan fuerte y dicen: “Buenos días, es hora de levantarse”.
Y amarillo ¿existen besos de color amarillo? Preguntó Pablo ...Pues claro, los días en que los besos son cálidos e intensos, su color amarillo brilla como el sol. Es cuando nos dicen cuánto les gusta nuestro cariño y compañía... 
¿Y los que hacen cosquillas en la oreja, en las mejillas y en el cuello, esos ¿de qué color son?...Pues esos, esos ...son los que se mueven al ritmo de la música y son de color verde luminoso como los campos y los bosques cuando sopla el viento. A los besitos verdes les encanta la vida y les gusta ver respirar y crecer a los seres queridos... 
A veces en cambio los besos son largos y tranquilos de un azul suave y esponjoso como el cielo. Son los que nos explican que su amor es profundo, , sin límites. Un amor tan grande que mires donde mires parece que nunca se acaba. 
Y ¿sabes? Muchas veces los besos son de un color lila  oscuro y misterioso. Son los besos que nos consuelan cuando estamos tristes y confundidos o no sabemos que hacer o a dónde ir y nos dicen... no te preocupes que yo estaré siempre a tu lado... 
Los besos son de los colores del arcoiris.
Pero yo quiero darte un beso de color blanco como la nieve y te quiero expresar como me gusta el silencio, la paz, la tranquilidad que siento a tu lado. Y ¿sabes Pablo cómo nació el color blanco? ...  de un beso que se dieron todos los colores del arcoiris”.




Tráeme o meu amore



No hace todavía un mes, se murió mi abuelo Ángel. Tenía años, muchos, tantos como 93 y en su longevidad, desde su vida sencilla y humilde no cesó de acompañarnos  con sus “perlas de sabiduría” y amor. ¡Y los últimos días no iban a ser menos!!!, no podía ser de otra manera.

Desde la debilidad frágil de su cuerpo consumido por el cansancio del camino o por el anhelo de “volver con su amor”, mi abuela Josefa, se fue apagando poco a poco pero sin dejar de dar luz ni en el último momento.
Digo esto porque hace más o menos dos años (después de la muerte de mi abuela), mi abuelo parece como si se hubiera rendido. Quizá si, el motivo para seguir viviendo había desaparecido,  ya no estaba con él, y ¿para qué seguir intentándolo?. 
Dejó de estar alegre, sin caer en la tristeza… no, no estaba triste pero su semblante risueño se volvió serio, pensativo. 
Dejó de contar “contos” como le gustaba llamar a él a  las historias que siempre tenía a punto para cualquiera que llegase a su casa. 
Dejó de ser curioso y asomarse a la ventana para comprobar quién llegaba cuando alguien se acercaba a  la aldea y osaba interrumpir el quehacer diario y monótono de los paisanos del lugar…  
Una cosa sí conservó casi hasta el final,  la capacidad de hacer la pregunta oportuna en el momento oportuno… ¡ese era mi abuelo!... el que veía más allá de lo que intentas mostrar superficialmente, el que leía el pensamiento, el que adivinaba tu estado de ánimo y te lo hacía saber a través de una pregunta aparentemente insignificante… ¡ese era mi abuelo! Con la pregunta que daba en el centro de la diana siempre en la punta de los labios… ¡ay, Mónica!… e ti… ¿vives ben?. Entre los nietos le llamábamos la “pregunta del millón” de tal manera que no había reunión familiar en la que cada uno no fuese interrogado … era su manera de tenernos controlados y también su manera de quedarse tranquilo y satisfecho porque, acto seguido, después de cada una de nuestras respuestas (“moi ben, avó, moi ben” obviamente) juntaba las manos en gesto de adoración  y repetía a modo de jaculatoria“¡Gracias a Deus!”… y esto lo decía cada vez, con cada uno, como dando gracias por cada uno de nosotros y al mismo tiempo,  bendiciéndonos… ¡Ese era mi abuelo!
Pero volvamos al tema que nos ocupa… 
Como decía hace unos dos años que murió mi abuela Josefa y, desde entonces, mi abuelo no volvió a ser el mismo. Desde entonces, mi abuelo que “no paraba la pata en casa”, siempre en camino y caminando por las veredas de su aldea natal, … desde entonces, apenas volvió a salir de casa. Es verdad, sus fuerzas se iban apagando cada día, los años tampoco perdonan. Su mente seguía fresca y lúcida pero le inundaban los recuerdos… su corazón latía pero con la sordina del amor perdido.
70 anos”, me repetía cada vez que iba a visitarlo. “70 anos que vivimos xuntos Josefiña mais eu e  ¿ves Mónica?  NIn unha mala cara, nin un enfado, sempre traballando un o lado do outro, ámbolos dous para sacar adiante  a casiña, cria-los fillos, ir vivindo, sen facer mal a ninguén, axudando a todos os que poidemos..." y después … enmudecía pensativo, con la mente en otro lugar…
Vivía con su permanente recuerdo, cada vez que decía algo siempre aparecía Josefa por medio. Soñaba con ella y, en sus dulces sueños, hablaba con ella… que ¿cómo lo sé? sencillamente porque me lo contó él mismo un verano en un rato que pasamos juntos… Y es que mi abuelo era especial… Ángel era su nombre… y como un ángel vivió y murió. Se fue sin hacer ruido, molestando lo menos posible… pero dejando detrás de sí una estela de luz difícil de apagar.
Durante las últimas semanas de su vida,  no cesaba de repetirle a mi tía que lo cuidaba, la misma petición… “tráeme o meu amore, María, tráeme o meu amore”.
A mi abuelo le gustaba cantar y  murió cantando … una canción de amor… Sin duda, el tú de ese mensaje de amor no era otro que Josefa, aquella a quien le había dedicado su vida entera, aquella a quien dedicaba sus últimos alientos de esta vida, aquella que le estaba esperando en la puerta del cielo para entrar juntos en la eternidad. Mi abuelo ya está con su amada. Mi abuela sonríe satisfecha por el reencuentro. Ahora, ambos  gozan del abrazo eterno con el Dios Amor.

sábado, 9 de marzo de 2013

¿A vida é un tango que cómpre saber bailar...?


Así me lo dejaba caer en enunciativo un gran amigo mío una de las últimas veces que tuvimos la oportunidad de pasar un rato juntos...
Frase para pensar ... y ahí me tienes desde entonces, en mis divagaciones múltiples, dedicando ratos a reflexionar sobre ello... Pero la afirmación la trasformo en pregunta... ¿Realmente la vida es un tango  que debemos aprender a bailar?
Sí, quizá si, quizá la vida sea un tango que tendremos que aprender a bailar pero... ¿Y qué pasa con los que nos sabemos bailar? ¿Quizá nos quedamos sentados mirando cómo bailan otros? ¿Quizá nos desprendemos de nuestra vergüenza y arrancamos paso  aún sin saber, arriesgándonos al ridículo del siglo? ¿Quizá nos "ponemos el mundo por montera" y lo intentamos una y otra vez hasta conseguir "seguir el paso de otros"? ¿Quizá nos lo tomamos tan a pecho que a base de esfuerzo y constancia llegamos a conseguir una cierta maestría?

Como casi siempre, me gusta empezar por comprender bien el significado de las palabras así que me voy al diccionario y  busco el significado completo en sus distintas acepciones de la palabra tango. La RAE lo define como:
1. "Baile rioplatense, difundido internacionalmente, de pareja enlazada, forma musical binaria y compás de dos por cuatro".
2. Música de este baile y letra con que se canta"
3. "Fiesta y baile de gente de origen africano o popular en algunos países de América".

Decididamente no me convence ninguna, demasiado técnico para mi divagación. Busco en  Wikipedia, el "gran salvador" de Internet y leo lo siguiente:
"El tango es un género musical y una danza de naturaleza netamente urbana, sensual y de renombre internacional... La coreografía, diseñada a partir del abrazo de la pareja, es sumamente sensual y compleja. Las letras están compuestas basándose en el argot local llamado "lunfardo" y suelen expresar las tristezas, especialmente en las "cosas del amor", que sienten los hombres y las mujeres de pueblo. Aunque también se pueden encontrar otras temáticas como el arrabal, el desengaño, el deseo sexual, el hacer diario, el tiempo... alguien lo definió  como "un pensamiento triste que se baila"
Hasta aquí, más o menos bien.... sigo leyendo los "roles de género": "En la pareja varón-mujer tradicional los roles de género están sexualmente definidos. Esto quiere decir que en la pareja de tango es el hombre quién crea y dirige el baile y la mujer es quien  lo sigue, aportando al baile belleza y sensualidad".
Ummmm, algo me "chirría", algo no me va bien... otra vez la imagen de "mujer florero"·...
No sé si estoy muy de acuerdo en que la vida sea un tango...y menos aún en el papel de la mujer en este baile,  pero lo que sí me dice la experiencia es que la vida es SEMEJANTE A UN BAILE QUE DEBEMOS APRENDER A BAILAR... y si podemos, ... incluso llegar a adquirir una cierta maestría en ese bailar.
Me gusta pensar en la vida como baile, con otros, por supuesto, mejor grupo que pareja aunque ¡cada cual que decida como mejor le vaya! Lo importante es no bailar solos, sino con otros, con el grupo, con tus iguales... Me gusta pensar en la vida como aprendizaje diario, como ensayo y perfeccionamiento del paso hasta conseguir la técnica perfecta...

Pero ¿sabéis qué? si me pongo a pensar en la vida como baile posiblemente me quede con la MUIÑEIRA... por aquello de que "la tierra tira". Me gusta la muiñeira, baile típicamente gallego, tradicional, que se baila en grupo, hombres y mujeres, rápida y ligera con un nacimiento humilde entre los oficios del pueblo y que luego se bailaba en las  romerías y fiestas locales donde los paisanos se arremolinaban entorno al gaitero que arrancaba las notas desde el fol ronco de su gaita estremeciendo a los emigrados a otras tierras en ese momento de "morriña" que los trasporta a los recuerdos de infancia en su Galicia natal.
Decididamente si, me quedo con la muiñeira... Y si además va acompañada de un ATURUXO, mejor que mejor...
Sí, yo quiero que mi vida sea  una muiñeira con aturuxo incluido, fuerte,agudo, prolongado en el tiempo  lo suficiente como para mantener mi ánimo en el ensayo continuado, el esfuerzo y la constancia diarios, en el no cesar de intentarlo una y otra vez hasta conseguir la pieza perfecta.

Shall we dance?